domingo, 5 de junio de 2011

El amor, al revés, no se lee "Roma"

Porque ya he agotado mi paciencia, y mis ganas. Ya me queda poco que esperar. Ya no sé soñar despierta y mi muro me prohibió soñar dormida. Sólo soy la sombra maltrecha y mutilada de lo que algún día fui. Ya no me queda paciencia, calor ni espíritu. Y no sé distinguir donde acaba el bien y donde empieza el mal. Hace ya un tiempo que me codeo con la almohada en mis juergas de alcoba sin más amparo y más ayuda que mis ganas de llorar. He olvidado, olvide que trataba de olvidarle, que el mundo no era en blanco y negro y que me gustaba sonreír. Olvidé que mi voz me apaciguaba y que las cuerdas de una simple guitarra lograban hacerme feliz. Ahora soy sólo el humo de un cigarro olvidado en el bar de aquella esquina, donde fuimos felices una vez. Y lo peor de todo es que aún puedo recordarlo.Recuerdo su pelo negro, su frente despejada, su nariz perfecta, recuerdo sus labios que tantas veces me besaron y sus ojos multicolor. Tengo tatuados en mi piel el sabor de sus caricias, el olor de sus lágrimas y el sonido de su voz. Y no olvido los traspiés que dio mi vida, los bailes que dio la suya, las maratones que corrieron juntas ni el sabor de la guillotina del verdugo antes del "pues vale" que marcó la diferencia. Puedo jurar cada día que no sé echarlo de más y que, aunque me mate, sólo puedo echarlo de menos. Tengo miedo, mi fuerza de voluntad se resquebraja cada día un poco más y ya no distingo bien entre lo que hago y lo que sueño. Ni siquiera sé ya qué me importa y qué carece de sentido para mí. Lo odio, odio tener ganas de llorar y odio que no me hayas llamado. Odio que tu móvil esté apagado y no saber nada de ti. Detesto sentir cómo me rompo por dentro y no saber cómo impedir quedar deshecha, partida en millones de pedazos. Me siento estúpida porque, una vez más, no supe ocultar lo que sentía y mi boquita tuvo que abrirse para pronunciar esas putas ocho letras que marcan la diferencia. Ya no te quiero. No sé ni cómo mentirte a ti, no sé por qué sería capaz de entregártelo todo, pero lo haría, sin dudarlo,  aunque no lo merecieras, por ti. Tú eres mi perdición.

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